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3-IV-2007. La ingesta de frutas se ha relacionado con menos riesgo de enfermedad cardiovascular
En los años 60, un médico americano realizó un estudio sobre los hábitos alimenticios de distintos países y su relación con la salud de sus habitantes y llegó a la conclusión de que la pauta de alimentación que a lo largo de siglos se ha seguido, por ejemplo, en España era la más equilibrada y la que aseguraba menos problemas de salud, frente, por ejemplo, a la que seguían los habitantes del norte de Europa. Había nacido una de las estrellas en el mundo de las dietas: la dieta mediterránea, señalan desde la Consejería de Sanidad y Consumo de la Comunidad de Madrid.
Seguir la dieta mediterránea, es decir, comer como lo hacían nuestros padres con todas las ventajas de contar con nuevos productos que nos hacen la vida más fácil, sólo tiene ventajas: en primer lugar, una buena cantidad de fibra, a partir de los cereales, las legumbres y la fruta, que previene los problemas intestinales y mejora el control del azúcar. En las frutas y verduras tenemos potasio, que media en nuestras células para mantener, por ejemplo, en buen funcionamiento los músculos. El pan, la pasta, las patatas y el arroz, son nuestros aliados consumidos en cantidades razonables. Además, consumir muchas verduras únicamente aliñadas permite que las vitaminas no se pierdan al cocinarlas. En las verduras encontramos además magnesio, que es fundamental para regular muchas funciones a nivel celular de nuestro organismo.
Riesgo cardiovascular
La ingesta de frutas se ha relacionado con menos riesgo de enfermedad cardiovascular. La presencia del aceite de oliva, tanto en crudo como para guisar, deja poco sitio a otro tipo de grasas, como la margarina o la mantequilla. El pescado, que en el Mediterráneo consumimos preferentemente fresco, especialmente el azul, es el principal suministrador de ácidos grasos poliinsaturados omega 3. El pescado y los huevos son buena fuente de fósforo, fundamental para tener unos huesos sanos y que interviene en funciones cerebrales y del funcionamiento de nuestras células.
El queso, en cualquiera de sus variantes -fresco o más o menos curado- es una magnífica fuente de calcio, a la que en los últimos años hemos añadido el yogur de forma habitual. En la leche y en el queso encontramos calcio, fundamental para un buen desarrollo de los huesos, para mantener los dientes sanos y para el buen funcionamiento de músculos, la coagulación sanguínea y un buen nivel de inmunidad. También hay abundante calcio en los vegetales de hoja verde, como las espinacas. La presencia de algunos huevos en la dieta semanal y de carnes como la de las aves, nos aseguran un buen equilibrio en las grasas que tomemos, sin dejar de lado la carne, algunas veces por semana.

Recuerde. Los aliños son también importantes: el sodio y el cloro, fundamentales en las cantidades adecuada, están en la sal de mesa; úsala con precaución o pregunta a tu médico por fuentes alternativas de estos minerales, y en ajo y la cebolla encontramos azufre, que interviene también en distintos procesos que nos ayudan a mantenernos en forma.
Envía tus preguntas a los médicos especialistas de Policlínica Gipuzkoa
Dr. Cormenzana
Cirugía Estética de
Policlínica
Gipuzkoa.
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