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02-VII-07. Los trastornos del sueño suelen ser síntomas de otras enfermedades, por lo que al tratarlos podemos ayudar también a mejorar la patología que los causa
El sueño puede definirse como un estado natural, de carácter periódico, del que se puede revertir fácilmente con estimulación. Se caracteriza por una desconexión del entorno y presenta fenómenos fisiológicos característicos. Se considera que existe alteración del sueño cuando el trastorno empeora las condiciones de vida diurnas del paciente o afecta a las personas de su entorno, lo que ocurre cuando se producen alteraciones de la conducta durante el mismo.
Aunque el tiempo de sueño reparador para un adulto se establece en 8 horas, las necesidades son personales y varían con la edad. Los menores de dos años deben dormir entre 13 y 17 horas. Hasta los 10 años se necesitan de 9 a 13, y después, entre 10 y 11. De los 16 a los 65 años, las necesidades oscilan entre 6 y 9 horas de sueño y a partir de los 65, la media se establece entre 6 y 8. Los requerimientos más elevados se producen en los niños debido a la necesidad de maduración del cerebro, ya que durante la noche se consolidan funciones cerebrales como la memoria.
El sueño se clasifica en cuatro fases y una quinta denominada REM. La secuencia de estas cinco constituye un ciclo que llega a repetirse cinco o seis veces cada noche. La primera etapa es la más superficial: es muy fácil despertarse y comprende entre el 1% y el 5% de la noche. La fase 2 supone entre un 20% y un 50% del total. El sueño más lento y de mayor profundidad se da en la tercera y cuarta fases. En ellas es difícil que el individuo despierte. Se caracterizan por una reducción máxima del tono muscular y de la frecuencia cardiaca y respiratoria, así como de la presión arterial. Estas dos fases suman entre un 15% y un 30% de la noche.
La fase profunda
Después llega la fase REM , caracterizada por la atonía muscular y los movimientos oculares rápidos -la traducción al inglés (Rapid Eye Movement) forma la sigla que les da nombre-. Sin embargo, presenta una actividad cerebral elevada, similar a la de un estado de vigilia. La frecuencia y profundidad de las respiraciones aumentan, así como el ritmo cardíaco. Cabe destacar que la mayoría de los sueños se producen durante la fase REM. No sucede así con los terrores nocturnos, el sonambulismo y el hablar dormido, que ocurren especialmente en las fases 2, 3 y 4.
Los trastornos del sueño pueden clasificarse en varios tipos. Según la alteración de la que se trate se producirá en una u otra fase del sueño. Entre los más habituales figuran las disomnias, que afectan a la calidad y cantidad del sueño y pueden producirse por defecto (insomnio) o por exceso (hipersomnia). Los insomnios pueden deberse a causas muy variadas. Según su persistencia se clasifican como crónicos si superan los 6 meses, agudos si se prolongan menos de cuatro semanas, y subagudos, entre 4 semanas y 6 meses. El insomnio crónico afecta a entre el 10% y el 50% de la población. En torno a un 12% de estas personas se queja de sueño excesivo durante el día. En numerosas ocasiones los problemas de insomnio se corrigen sin medicación. Basta con adoptar hábitos correctos básicos.
Las apneas
Otro gran grupo de alteraciones lo configura el síndrome de apneas obstructivas del sueño, debidas a problemas respiratorios; afectan a un 4% de los hombres y a un 2% de las mujeres y niños. Las apneas -o pausas respiratorias- son un factor de riesgo para la aparición de problemas graves de salud, como la hipertensión, el ictus y los infartos de miocardio. Para intentar solucionarlas, los tratamientos más inmediatos comienzan por la pérdida de peso en caso de que haya kilos de más. Si hay una malformación de la vía aérea superior o mandibular deberá corregirse, habitualmente, mediante cirugía. Una vez tomadas estas medidas, las apneas suelen solucionarse. En otros casos es necesario el tratamiento con CPAP. Se trata de un aparato con una mascarilla que introduce aire a presión en las vías respiratorias durante la noche.

Aunque el tiempo de sueño reparador para un adulto se establece en 8 horas, las necesidades son personales y varían con la edad. Los menores de dos años deben dormir entre 13 y 17 horas. Hasta los 10 años se necesitan de 9 a 13, y después, entre 10 y 11. De los 16 a los 65 años, las necesidades oscilan entre 6 y 9 horas de sueño y a partir de los 65, la media se establece entre 6 y 8. Los requerimientos más elevados se producen en los niños debido a la necesidad de maduración del cerebro, ya que durante la noche se consolidan funciones cerebrales como la memoria.
Los trastornos del sueño pueden clasificarse en varios tipos. Según la alteración de la que se trate se producirá en una u otra fase del sueño. Entre los más habituales figuran las disomnias, que afectan a la calidad y cantidad del sueño y pueden producirse por defecto (insomnio) o por exceso (hipersomnia).
Los insomnios pueden deberse a causas muy variadas. Según su persistencia se clasifican como crónicos si superan los 6 meses, agudos si se prolongan menos de cuatro semanas, y subagudos, entre 4 semanas y 6 meses. El insomnio crónico afecta a entre el 10% y el 50% de la población. En torno a un 12% de estas personas se queja de sueño excesivo durante el día. En numerosas ocasiones los problemas de insomnio se corrigen sin medicación. Basta con adoptar hábitos correctos básicos.
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Dr. Cormenzana
Cirugía Estética de
Policlínica
Gipuzkoa.
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