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24-IV-08. Los expertos recomiendan que desde el nacimiento se ponga en contacto al bebé con las fuentes de lectura: cuentos, libros, juguetes con formato libro, etiquetas…
Aprovechando la celebración ayer del Día Internacional del Libro, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) quiere promocionar la lectura desde la pediatría ambulatoria, ya que “como profesional y confidente de los padres, el pediatra puede actuar como dinamizador del hábito de leer, una práctica que puede influir sobre el modo de vida del niño, tan relacionado con su salud”, explica la doctora Alfonsa Lora Espinosa, pediatra del Centro de Salud “Puerta Blanca” de Málaga y miembro de la AEPap.
Según explican los expertos, desde el nacimiento se debería poner en contacto al bebé con las fuentes de lectura (cuentos, libros, juguetes con formato libro, etiquetas, etc.); en estas edades prelingüísticas y prelectoras, básicamente, se promueve el acercamiento a la lectura emergente. La lectura emergente es la toma de contacto con el texto impreso: aprender a diferenciar dibujos y objetos de las grafías (que sobre una página de color blanco hay unos “dibujitos” negros que son las palabras), conocer que ambos se relacionan entre sí, y empezar a conocer la estructura de las historias narradas, en las que hay un inicio, un argumento y un desenlace, donde el “colorín colorado este cuento se ha acabado” cobra el significado inequívoco de que la historia terminó.
A nivel cognitivo-emocional, la lectura emergente, significa acercarse a otras realidades distintas a las cercanas (padre, madre, hermanos, otros familiares o cuidadores) y, aunque muy ligada a los sentidos (estadio sensorio-motor), es transmisora de emociones (las voces de sus progenitores, sus olores, la prosodia del lenguaje del narrador de la historia, el momento único del día en el que acontecen esas fábulas, etc.). La lectura emergente es también, y sobre todo, acercarse y familiarizarse con un nuevo objeto lúdico que tiene hojas de papel (por lo general), que se abren y se pasan una tras otra, con un principio y un final, del que surgen leyendas y emociones, en las que, incluso, él mismo puede participar como protagonista. Debe hacerse una rutina de este momento mágico, tan importante como la “hora del baño”.
En poco tiempo, a partir de los 2 años, el niño deja de ser prelingüístico, por lo que esta lectura emergente se dirige ahora hacia el progreso lingüístico y al enriquecimiento de su almacén léxico. Ambos hechos constituirán una base esencial para el posterior desarrollo de la lectura. Cuando el niño inicia el aprendizaje (reglado o no) de los grafemas empezará, a su vez, la interpretación de que aquellos “dibujitos negros” son las letras, desde este momento, con un significado vital para su existencia. A partir de este momento se abre un camino de infinitas posibilidades para el desarrollo de la persona. Hasta ese momento lo que hemos ido haciendo ha sido abrir paso y crear el camino hacia la puerta que conduce a los infinitos mundos que se esconden tras los textos escritos, y el niño ya posee la llave de esa puerta que ha sido el aprendizaje de las reglas de conversión fonema-grafema (lo que oye con lo que ve y, ahora, interpreta).
realizan estas actividades en el centro con sus hijos.

Atención. A nivel cognitivo-emocional, la lectura emergente, significa acercarse a otras realidades distintas a las cercanas (padre, madre, hermanos, otros familiares o cuidadores) y, aunque muy ligada a los sentidos (estadio sensorio-motor), es transmisora de emociones (las voces de sus progenitores, sus olores, la prosodia del lenguaje del narrador de la historia, el momento único del día en el que acontecen esas fábulas, etc.).
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Dr. Cormenzana
Cirugía Estética de
Policlínica
Gipuzkoa.
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