Salud

La SEEDO considera el balón intragástrico como una opción válida para combatir la obesidad, pero advierte de sus limitaciones

21-IX-07. Hasta la fecha, se han implantado más de 20.000 balones intragástricos en pacientes de todo el mundo

Junto con otras medidas tradicionales, como el establecimiento de una adecuada dietética o la administración de fármacos, la utilización del balón intragástrico se ha erigido en un recurso útil para hacer frente a la obesidad, pero sus indicaciones están limitadas y su eficacia sólo se mantiene si se acompaña de unas correctas medidas nutricionales y de ejercicio. Así lo puntualiza la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), que ha previsto la realización de una actividad científica sobre el uso del balón intragástrico en su congreso nacional, que tendrá lugar el próximo mes de octubre en Zaragoza.

Según subraya la doctora Pilar Riobó, participante en este taller y Jefe Asociado de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, “la colocación de un balón intragástrico es una mera ayuda para la pérdida de peso, por lo que debe usarse junto con un plan de educación nutricional y un programa de ejercicio físico que ayudará a mantener, tras la extracción del balón, la pérdida de peso lograda”. En esta misma línea, el presidente de la SEEDO, el doctor Basilio Moreno, afirma que “el balón intragástrico es una opción más para el tratamiento de la obesidad, al igual que la dieta, los fármacos o la cirugía, pero hay que establecer muy bien las indicaciones”.

Creciente demanda

El dispositivo de balón intragástrico provoca la pérdida de peso gracias a una sensación de saciedad que reduce la cantidad de alimentos consumidos en cada comida, con lo que se pierde peso durante los seis primeros meses. Durante este periodo, los pacientes deben asistir a consultas periódicas y sesiones informativas programadas y aprenderán los principios de unos hábitos alimenticios sanos, así como los cambios recomendados en el estilo de vida. El hecho de disminuir la ansiedad por comer permite perder hasta un kilo por semana (una cantidad considerada idónea por los dietistas), durante un periodo de seis meses, lo que supone un total de 20 a 30 kilos. Sin embargo, la reducción real depende del seguimiento de la dieta y el cambio de costumbres que deben acompañar a esta técnica, siendo la media real de adelgazamiento de unos 15 kilos en esos seis meses.

Como explica el doctor Basilio Moreno, “se trata de un balón blando y dilatable que se inserta en el interior del estómago y se llena de una solución salina estéril. Puesto que el balón ocupa parcialmente el estómago, los pacientes se sienten llenos o satisfechos, lo que provoca que coman menos y pierdan peso”. El balón intragástrico se implanta mediante un sencillo proceso endoscópico que dura menos de 20 minutos (al igual que su extracción) y que se lleva a cabo con apoyo de anestesia, de modo que el paciente puede volver a su casa el mismo día. Este dispositivo permanece implantado durante seis meses. Dados sus excelentes resultados y su alto grado de seguridad, es creciente el número de personas obesas que se interesan por este tipo de intervención. “Hasta el momento, se han implantado 20.000 dispositivos en pacientes de todo el mundo, y la demanda continúa”, afirma la doctora Riobó.

Indicaciones precisas

Tanto la cantidad de peso que pierdan los pacientes como el tiempo que puedan mantener dicha pérdida dependerá de cómo integren en su estilo de vida los cambios relacionados con los hábitos alimenticios y el ejercicio físico. Habitualmente, antes de la implantación de un balón, como ayuda para la pérdida de peso, se realiza una entrevista con el médico para comentar las dudas y las expectativas, y evaluar las ventajas frente a los posibles riesgos. También se recomienda realizar una entrevista psiquiátrica y/o psicologica rutinaria.


De interés

Los candidatos. Las personas posibles candidatas a utilizar este recurso deben cumplir los siguientes requisitos:

-Ser mayores de 18 años.

-Padecer sobrepeso moderado, con un IMC (Índice de Masa Corporal) de 30, o de 27 si presentan más de dos factores de riesgo comórbidos (como diabetes o presión sanguínea alta).

-Padecer riesgos para la salud asociados con el exceso de peso.

-Estar dispuestos a aceptar un programa médico supervisado, serio y eficiente de pérdida de peso.

Presupuesto. Como problemas de la técnica, además de su precio (no suele ser realizado por la sanidad pública y cuesta entre 3.000 y 4.000 euros), hay que señalar la posible aparición de náuseas durante los primeros días y un aumento de la acidez.



Charla digital

 Dr. Cormenzana
Dr. Armando Segurado Cirugía Estética de  Policlínica
Gipuzkoa.
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