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18-V-07. El movimiento permite al paciente expresar sus sentimientos y la sensibilidad le capacita para saber en cada momento el gesto que está realizando.
En la actualidad, los transplantes de tejidos compuestos, es decir, aquellos que incluyen distintas clases de tejidos en un mismo trasplante, son una posibilidad terapéutica dentro de la cirugía reparadora que hay que tener en cuenta. “Hoy en día, ya se han realizado en el mundo trasplantes de mano, rodilla, laringe, nervios, músculos y tendones, cuero cabelludo, pared abdominal y un trasplante parcial de cara”, informa el doctor Luis Landín, cirujano plástico de la Clínica Cavadas, y miembro del equipo de Trasplante de Mano del Hospital Universitario “La Fe”.
Para realizar este tipo de trasplantes es necesaria la obtención previa de tejidos procedentes de donantes fallecidos. “Una vez realizado el trasplante, los pacientes necesitan recibir medicación inmunosupresora para evitar el rechazo”, explica el cirujano. La cara es la región más social de nuestro cuerpo y es necesaria para nuestra supervivencia psíquica y funcional. A través del rostro expresamos emociones y mostramos nuestro estado de ánimo. Una sonrisa o una mueca son movimientos faciales que las personas realizan de forma habitual en su relación con los demás y forman parte de nuestra vida diaria.
Sensibilidad y movimiento
“Por este motivo –comenta el doctor Landín- un aspecto muy importante a tener en cuenta a la hora de realizar un trasplante facial es la recuperación de la sensibilidad y el movimiento”. El movimiento permite al paciente expresar sus sentimientos y la sensibilidad le capacita para saber en cada momento el gesto que está realizando. Estudios realizados recientemente en el Hospital Universitario La Fe de Valencia han observado, precisamente, la sensibilidad y el movimiento en el trasplante facial experimental en ratas. “Es el primer trabajo a nivel mundial que demuestra que después de un trasplante de cara se pueden recuperar la sensibilidad y el movimiento”, informa el doctor Landín.
Los expertos que participaron en este estudio realizaron, en un primer lugar, un estudio anatómico para ensayar el trasplante facial y comprender su vascularización. Después, trasplantaron las caras de las ratas para comprobar la evolución del trasplante facial sin suturar los nervios. Y, finalmente, trasplantaron la región facial y, mediante microcirugía, repararon las arterias, las venas y los nervios faciales. “Cada intervención duró al menos 8 horas de quirófano experimental”, expone el doctor Landín.
Una vez finalizados los trasplantes y tras esperar 6 semanas las respuestas de sensibilidad de los animales fueron filmadas. “Los resultados mostraron que las ratas en las que no se suturaron los nervios se mantenían indiferentes al tirar de los bigotes, y las pruebas del laboratorio no lograron encontrar signos de recuperación. En las ratas en las que se repararon los nervios se evidenció una recuperación casi completa del nervio facial y la aparición de movimiento voluntario en los bigotes. Además al tirar de los bigotes las ratas presentaron respuestas de defensa y huida”, explica el doctor Landín.
Este estudio es un avance muy importante en cuanto a trasplantes faciales se refiere y es la primera evidencia científica publicada que ha demostrado que es posible conseguir sensibilidad y movimiento a través de un trasplante facial.
Casos extremos
El trasplante facial es una intervención quirúrgica muy complicada y agresiva indicada para pacientes con características muy concretas. “Un paciente adecuado para realizarle un trasplante facial es aquel que muestra daños faciales severos acompañados de ausencia de nariz y/o orejas y que tiene grandes alteraciones en la boca y en los párpados que comprometen su función y ponen en peligro el globo ocular”, afirma el doctor Landín.
Esta serie de problemas llevan al paciente a una situación crítica que le impide parpadear, lo que implica la pérdida de lágrima constante y riesgo de perder de visión, además de dificultad para respirar, escuchar y hablar correctamente. “Como consecuencia de todas estas molestias, el objetivo primordial de la reconstrucción es conservar el globo ocular, preservar el funcionamiento de los labios y reconstruir las unidades faciales dañadas, como la nariz o las orejas”, expresa el doctor Landín. “Además, -añade el especialista- también es necesario reparar los conductos lacrimales e incluir la glándula lacrimal en el trasplante para conservar la delicada película de humedad que envuelve al ojo, y transplantar los labios, de forma que sean sensibles y recuperen el movimiento para impedir que se escapen los alimentos durante la masticación”.
El paciente ideal. Un paciente adecuado para realizarle un trasplante facial es aquel que muestra daños severos acompañados de ausencia de nariz y/o orejas y que tiene grandes alteraciones en la boca y en los párpados que comprometen su función y ponen en peligro el globo ocular.
Primer trasplante parcial de cara. En Francia se realizó, el año pasado, la primera reconstrucción del triángulo nariz-boca mediante un trasplante. Este caso supone un avance importante en la cirugía reparadora ya que permite devolver al paciente su capacidad para hablar, beber y comer sin que se le escapen los alimentos y mejorar su apariencia de forma notable.
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Dr. Cormenzana
Cirugía Estética de
Policlínica
Gipuzkoa.
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