Salud

La lucha contra el paso del tiempo se complica para las fumadoras

24-IV-08. El tabaco disminuye las propiedades de las cremas antiarrugas para borrar las líneas de expresión.

Cuando escuchamos que el tabaquismo es muy perjudicial para nuestra salud siempre pensamos en dos enfermedades ligadas de forma directa al consumo de tabaco: el cáncer, generalmente de pulmón o garganta y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Sin embargo, las sustancias que contienen los cigarrillos y el calor que desprende el pitillo perjudican a muchos más órganos de los que piensas, advierten desde la Consejería de Sanidad y Consumo de la Comunidad de Madrid.

Por empezar por la cara y la piel, el contacto con el tabaco, además de machar los dedos, tiene consecuencias para la piel. En primer lugar, se seca, los poros se obstruyen y las arrugas de expresión marcan la cara. Los ojos también tienden a defenderse del humo que les acecha, lo mismo que el pelo, que tiende a engrasarse. Pero en algunas personas, sus ojos no producen suficiente lágrima para mantenerse húmedos, igual que sus mucosas. Necesitan beber agua para mantener la boca húmeda y sus ojos están más secos de lo normal. Esta situación es favorecida por el tabaco pues las mucosas agredidas por los diferentes productos químicos del humo, se atrofian, reciben menos sangre o sangre contaminada y no producen lágrima o saliva.

Los labios son sometidos a calor al entrar en contacto con el cigarrillo y la boca recoge tabaco y alquitrán, además de calor. El mal menor es una mayor tendencia a la gingivitis y al sangrado de las encías, además de mal aliento. Los componentes del tabaco pueden causar cáncer de boca y de encías. La nariz tampoco queda fuera del juego y aumentan las enfermedades de los senos, dado que perjudica su función. La nariz, agredida por el tabaco y el humo, pierde capacidad olfativa y desciende su humedad natural, lo que provoca que perdamos una de las defensas frente a los gérmenes. La mucosa se inflama (rinitis) y tapona las fosas nasales haciendo necesario respirar por la boca.

Saliva contaminada

El paso del humo y el alquitrán lesionan también la tráquea, y las cuerdas vocales a su paso hacia los pulmones, pudiendo causar lesiones cancerígenas, que, por supuesto, también pueden aparecer en los pulmones. La saliva contaminada con estos productos también puede causar cáncer en el esófago y estómago al pasar a estos órganos. Los pulmones reciben, además, un menor aporte de oxígeno y un mayor aporte de CO2. Los glóbulos rojos tienen una especial querencia por este gas, por lo que tenderán a llevárselo al resto de las células del cuerpo en lugar del oxígeno, haciendo que funcionen peor, se alimenten peor y liberen peor sus toxinas, que tenderán a acumularse, forzando al hígado a limpiar más. Los glóbulos rojos tienden a multiplicarse para cumplir pese a todo con su función, por lo que la sangre es más espesa, castigando la circulación de retorno de forma especial y favoreciendo la aparición de varices, tanto las que vemos en las piernas como otras que no vemos en el resto del cuerpo.

Parte de los componentes nocivos del tabaco son excretados por vía urinaria. Eso quiere decir que primero han pasado por los riñones y la vejiga, dejando a estos órganos un no muy buen recuerdo de qué es el alquitrán, la acroleína, nitrosaminas y otros productos que ocasionan cáncer. Dado que los órganos que regulan las defensas  tampoco reciben el tratamiento debido porque les llega una sangre empobrecida, tampoco su trabajo es óptimo, por lo que sumado a la ausencia de defensas de la nariz, los fumadores tienen mayor tendencia a sufrir infecciones, generalmente leves, como los catarros. Eso si, como las defensas están más bajas, les acompañan durante más tiempo.



Lo más destacado

Recuerde. El hábito de fumar no sólo afecta a las vías respiratorias sino a todos los órganos del cuerpo, desde la piel hasta los huesos